lunes, 21 de julio de 2014

... Siempre esperaba.

Pasaba los días en eterno duermevela
Escuchando los latidos de otro corazón.
Temeroso a despertar de esta sinrazón,
Albergaba la esperanza de ver su sueño cumplido.
Nunca se dio por vencido,
Entregado siempre a su ilusión.

Al tiempo que la vida le mostraba
Aquellos caprichos elegidos
Temblaba de horror y pensaba:
“Amor, ¿te habré perdido?”
Nunca se dio por vencido.

Esperaba… siempre esperaba.

viernes, 11 de julio de 2014

Cualquier tarde...

Cualquier tarde de cualquier día de principios de verano allá por junio de 2012.
Hasta ahora sólo había mantenido alguna que otra conversación por una de esas webs de contactos, pero se animó y decidió conocerlo en persona.
Algo le decía que podría salir bien.
Según se iba acercando al lugar, el corazón le palpitaba, mil dudas le asaltaban.. ¿sería como realmente había visto en las fotos? ¿podría quedar desilusionado?
Al llegar le vio allí, de pie, esperándole. Le abrió la puerta del coche y sin darse cuenta le estaba abriendo también su corazón.
Guapo, agradable, educado...

No fue la única vez que lo vio. Las citas se sucedieron. El contacto cada vez fue haciéndose más frecuente. Al poco tiempo, uno de los dos dijo "te quiero".

Cualquier tarde de cualquier día de principios de verano allá por junio de 2012... desde entonces no han dejado de decírselo a diario.



miércoles, 4 de junio de 2014

Una vez más

Mi querido amigo:
Una vez más te metiste en mi alma, aunque nunca llegaste a salir y una vez más sentí la fortuna de tenerte a mi lado.
Una vez más los árboles hablaron por nosotros y el viento se encargó de entonar su dulce cancioncilla a nuestro alrededor.
Una vez más el murmullo del agua nos envolvió en un profundo suspiro tratando de refrescar nuestro deseo.
Una vez más nos despedimos con la incertidumbre de la próxima cita.
Sin embargo una vez más tengo la esperanza de abrazarte de nuevo para una vez más volver a separarnos.

Una vez más te llevo conmigo para siempre

Y es que te quiero tanto...



martes, 29 de abril de 2014

miércoles, 5 de febrero de 2014

La hoja y el viento

Aquella tarde el viento jugueteaba incansable con cualquier cosa que encontraba a su paso. Y su juego era arrebatador, endiabladamente atractivo y envolvente.
Una humilde hoja, tras haberse separado del árbol, cayó casi sin sentir y fue a posarse, con suave balanceo, en un recodo del camino polvoriento esperando su definitiva desaparición.
Y pasó el viento. Y encontró a la hoja. Y la envolvió en su ensordecedor silbido haciéndola estremecer. La llevaba y traía a su antojo. La levantaba, la transportaba hasta lugares insospechables jamás imaginados por ella. Y luego la dejaba con ternura de nuevo en el suelo para volver otro día.
Así, la hoja conoció recónditos paisajes, encantados y seductores atardeceres y hasta alguna que otra vez creyó ver qué hay más allá del infinito. Cada día esperaba, ilusionada la llamada del viento. Para ella eran sus últimas esperanzas antes de acabar en la nada, y a ello se aferraba cada vez que el viento aparecía como si del último aliento de su vida se tratara. Pero el viento no es constante y con el paso del tiempo aparecía y desaparecía cada vez espaciando más sus visitas.
No importa, el viento es así -se dijo mientras esperaba.
No importa, el viento es así - se repetía una y otra vez en su espera.

Y así un día y otro, cada vez más débil en su corta existencia, aguardaba el paso del viento, su gran amor, porque sabía que antes de desaparecer para siempre desintegrada en el tiempo, se fundiría con él para subir una vez más al infinito y encarar con fuerzas su decrépita e inevitable caída.




viernes, 31 de enero de 2014

Gracias

Gracias porque te encontré.
Gracias porque te conocí.
Gracias por estar siempre ahí.
Gracias por aguantar mis cambios de humor.
Gracias por escucharme.
Gracias por dejarte querer.

Y porque te encontré, te quiero.
Y porque te conocí, te quiero.
Y porque siempre estás ahí, te quiero.
Y porque me aguantas, te quiero.
Y porque me escuchas, te quiero.
Y porque te quiero, GRACIAS.
AATANE



lunes, 20 de enero de 2014

Tu alma en mi piel

Quedé enganchado en sábanas de seda
y el viento cubrió mi desnudez.
Hilos de plata caliente surcaban mi cuerpo
cuando sobre mí derramaste tu suspiro espeso
haciéndome estremecer.

Después el viento se retiraba.
Dos hombres yacen abrazados
y un susurro les recorre el alma
temiendo a su realidad volver.
Un imposible les une,
una esperanza tal vez.

Hora de partir.
Uno se queda inundado de olor,
el otro se marcha,
mas lleva de su amante el alma en la piel.